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edificios con “entrepierna”… (Stirling en St. Andrews)

11.03.2014
J.Stirling: dormitorios Universidad de St. Andrews (1964-68).

J.Stirling: acceso entre los pabellones de dormitorios para estudiantes universitarios en St. Andrews (1964-68). Foto (c) A. Welch.

A menudo la arquitectura se ha explicado – a sí misma o por sí misma- a través de sus metáforas antropomórficas. En nuestro lenguaje arquitectónico  a menudo empleamos términos como la “cabeza” de un edificio,  el espacio “rótula”, la fachada trasera como “espalda”, los “apéndices” volumétricos, el elemento “diafragma”, las “fauces” de la casa romana, etc., etc.

Pues en esto que uno retoma un libro algo olvidado como la célebre monografía de Stirling (1984) y se topa con una “entrepierna” arquitectónica, así, como que no quiere la cosa, querido lector. Aparece en una correspondencia entre Jim (o sea, el gran arquitecto británico, James Stirling) y Jencks (es decir, Charles Jenks, crítico conocido entre otros textos por su The Language of Post-Modern Architecture, 1977), a propósito del  proyecto de los Dormitorios para la Universidad escocesa de St.Andrews (1964-68), también conocido como el Andrew Melville Hall.

Transcribo literalmente sendas cartas de 1972, que no tienen desperdicio…

> De Jim a Jenks:

Muy señor mío:

Charles Jenks es todo «pelotas» si opina que la Residencia de St. Andrews se diseñó para que pareciera un barco, más que una «bifurcación»*. Los paisanos siempre han puesto apodos a nuestros edificios, valgan como ejemplos: el Laboratorio de Ingeniería de Leicester: la planta de agua potable; la Facultad de Historia de Cambridge: el invernadero; la Residencia de Oxford: el edifico garaje; la Residencia de St. Andrews: el acorazado; para no ser menos, Jencks es igualmente banal al hacer uso de esta «significación» para su historicismo arquitectónico. Siempre me  he tenido más por un neoclasicista que por un «art-nouveau-ista».”

Atentamente,

James Stirling

> De Jencks a Jim:

Muy señor mío:

James Stirling echa a perder su razonamiento con las 5 primeras palabras, al acusarme metafóricamente de no ser más que «todo pelotas», y no solo porque a mi… anatomía no se limita a éso, sino porque, como a tantos otros arquitectos modernos, le agrada forzar todas las… metáforas y después aparentar que no existían. Su mención a St. Andrews, calificándola de «entrepierna»*, es más significativa de lo que él desearía, pues no puede negar (porque otro testigo y yo estábamos presentes) que al menos una estudiante residente afirmó estar muy afligida por tener que acceder al edificio por «entre las piernas».  

Charles Jencks“.

* Nota del texto: en inglés la palabra «crotch» tiene la doble acepción de «horquilla o bifurcación»  y de «entrepierna». (Siento no disponer del texto original en inglés…)

Es obvio que cada cual adoptó el contenido semántico que más le convino del término “crotch” para defender su postura, legítimamente. Siendo ambos arquitectos, permíteme, querido lector, que me alinee con Stirling. Y lo hago para hacer notar hasta cuánto un mal uso de la crítica arquitectónica puede acabar desfigurando una obra, por un incorrecto uso del lenguaje en esta ocasión. Tampoco hay que ocultar que en la disputa siempre saldrá exitoso Jim, pues nos encontramos ante una obra sumamente interesante -la de St. Andrews en particular, y las de su etapa “gloriosa” de los años 60 en general-, pese a no ser una de sus aclamadas masterpieces. O dicho al revés, cuando el crítico es quien se apropia de la obra para hacer “más visibles” sus valores, la obra queda oculta tras el tupido velo de sus argumentos. Y, sinceramente, lo que aquí reclamo es que la labor crítica no se interponga nunca entre la obra y el espectador. Y, como escuché a Josep Quetglas en cierta ocasión, propongo no hacer crítica de una obra proyectada por un arquitecto vivo, pues no hay nadie mejor que el autor para poder dar explicaciones (si lo estima oportuno, claro). Si no, bastaría con leer la breve memoria del arquitecto donde presenta a este proyecto como unos “volúmenes desplegados en forma de dedos que apuntan hacia la magnífica vista que se divisa del Mar del Norte y las montañas escocesas. El espacio residencial no repetido se concentra en la membrana interdigital donde se reúnen los dedos”.

J.Stirling: fotomontaje del proyecto para los Dormitorios universitarios en St. Andrews (1964-68).

J.Stirling: fotomontaje del proyecto para los Dormitorios universitarios en St. Andrews (1964).

Mira que los arquitectos han presumido de hablar con lenguajes indescifrables, preñados de esa idea de que para inventar algo nuevo es preciso empezar por las palabras… Yo soy más de la opinión de que la Arquitectura tiene “su” lenguaje; lo cual no ha de impedir aceptar ciertos neologismos o pequeños “injertos”, siempre que ayuden a expresar de la mejor manera posible una idea o concepto. Pero hay que reconocer que en los últimos años (desde mediados de los 90’s diría yo) el lenguaje de la crítica de Arquitectura ha padecido una suerte de exorcismo que ha invadido de términos cuasi satánicos a nuestra disciplina y profesión (y nuestras Escuelas de Arquitectura también, of course!!). Tengo la percepción de que muchas veces, en las explicaciones de una obra propia o ajena, se es tan críptico porque hay que ocultar las carencias que tiene una obra, y con ese disfraz de palabras  el autor o el crítico se proponen crear la ilusión de un objeto arquitectónico de propiedades “mágicas” -por indescifrables para el espectador- y además “póeticas”,  ya que de otro modo la obra en cuestión sería pura “prosa”, y quizá sin defensa alguna por quedar expuesta en su desnudez real.

Hoy, curados de espantos como estamos tras escuchar y leer palabras-disfraz de toda índole en los grandes púlpitos de la Arquitectura del star system, querido lector, quizá convenga reivindicar cuando menos un retorno a la sensatez. Pues “crotch=bifurcación” es un término claro para todos, y, dicho por su autor, doblemente insustituible. Pensar que es mejor usar “crotch=entrepierna” para hacer referencia a algo arquitectónico es un despropósito, que usado por Jencks con claro tono despectivo activa en el espectador una actitud de rechazo inevitable. Pero aunque no se trate de un uso despectivo, cada vez estoy más convencido de que los edificios no necesitan presentación, o al menos no precisan de una compañía de palabras que nos los interpreten hasta suplantarlos. Esa “compañía” es inútil si es mera “comparsa“, séquito condescendiente y parásito del arquitecto; y aún más si actúa como sociedad en simbiosis, pues de “compañía” a “compaña” hay tan solo una letra de diferencia, y sin embargo a veces se justifican mutuamente (“compaña“, etimológicamente atañe a los que “comparten pan”). La crítica contemporánea de Arquitectura debe ser mucho más reflexiva y actuar desde la investigación estricta y la metodología propia de nuestra disciplina, abandonando el ardid de la palabra. Esas malas artes solo sirven para engañar a la sociedad acerca de lo construido por motivos espurios, nunca nacidos desde nuestra honesta profesión ejercida ya sea desde el proyecto o desde la crítica, ambos necesarios pero conservando su status de independencia. O recuperamos esa honestidad, o nos perderemos “bellas entrepiernas” como ésta Scotch crotch (permíteme a mí también, querido lector, que haga mi juego de palabras…)

J.Stirling: vista del entorno natural de Dormitorios en St. Andrews (1964-68).

J.Stirling: vista del entorno natural de Dormitorios en St. Andrews (1964-68).

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3 comentarios
  1. Cristina permalink

    Estupenda reflexión.
    ¡Muchas gracias por compartirla!

  2. A ti, Cristina, por tu interés.

  3. En la línea de lo que nos cuentas, añadiria que, en mi opinión, la buena arquitectura se explica por si sola, no necesita de ese halo de prosa criptográfica para “explicarla”, sino que hay que dejarla que ella misma nos lo “cuente todo”.

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