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Valladolid: ¡¡¡ vivan las curvas !!!

10.10.2014
Edificio de viviendas sito en c/María de Molina 22 c/v Doctrinos (Ramón Pérez Lozana, 1935-40)

Edificio de viviendas sito en c/ María de Molina nº22 c/v Doctrinos (arquitecto: Ramón Pérez Lozana, 1935-40)

Las formas castellanas son secas, acaso escuálidas. Más cercanas a la idea de Quijote que a la de Sancho, y, en ningún caso anhelando ser Dulcinea. Pero… ea!! que estamos de terminando la celebración anual de la Semana de la Arquitectura, y mi aportación al CALL FOR POSTS (lanzado espontánemente desde el grupo de ‘arquitecturaVA‘ por mi estimado @kikeconkdekilo) pretende enseñar curvas, esas que a uno le parecen más atractivas según paseas por las calles de Valladolid.

No son tiempos de exhibir curvas, ¡¡qué le vamos a hacer!! La voluptuosidad está denostada, y, como la Santa Inquisición con los textos herejes, en caso de existir mejor que no se sepa de su existencia. Pues hete aquí, querido lector, que ese espíritu de ir contracorriente que tanto admiro y cultivo me lleva a exhibir la femineidad que descaradamente se opone a esta sobriedad y austeridad generales de la arquitectura vallisoletana. Este afán exhibicionista es deliberado, festivo y carnavalesco (estamos de celebración), pero ni grotesco ni erótico, aunque ese juicio lo hará luego cada cual. Vayamos a ello…

Reconozcamos cuanto antes que la gran mayoría de las curvas que mencionaré son necesariamente “modernas”, de apenas 100 años o menos de edad. Lo aclaro porque, para esos lectores que no conozcan bien esta mi ciudad adoptiva —Teruel existe, always on my mind—, las curvas que trazaron los espacios en la historia de Valladolid fueron siempre ocultadas tras el recto velo de sus fachadas (¿teoría del burka vallisoletano?). Decoro y solemnidad, sobriedad católica y penitencia (recordemos que a nivel turístico destacamos por nuestras célebres procesiones de Semana Santa), que desde los tiempos en que Isabel la Católica se casase en nuestra ciudad han sido profusamente cultivados por los arquitectos que aquí han trabajado. Las generosas curvas de los espacios de planta centralizada tan magníficos como las del Monasterio de Santa Ana o las del templo del Colegio de los Ingleses están encorsetadas por los gruesos muros que las abrigan, sin que rasgo alguno de ellas se deje traslucir en sus rostros urbanos.

Por empeñarse en negar las curvas, hasta el viejo coso taurino se hizo octogonal, querido lector. A no ser por algunos torreoncillos graciosos como los de la iglesia de San Juan de Letrán, o los eclécticos del cambio del siglo XIX al XX, comolos torreones cupulados de las esquinas de las manzanas burguesas de la Acera de Recoletos (casa Mantilla, casa del Príncipe) o la rotonda del Pasaje Gutiérrez, no encontramos un cierto “desmelene” de formas prácticamente hasta la llegada de la arquitectura de la II República a Valladolid. De esta quema solo se salva una obra: el maravilloso depósito de locomotoras en forma de herradura, cuya funcionalidad estricta obligaba a adoptar esa volumetría abrazando las dos plataformas giratorias para la maniobra de los trenes. Todo un hito innovador a escala mundial en esta tipología dentro de la arquitectura del ferrocarril del s.XIX, hoy lamentable abandonado a su suerte.

Casa Mantilla (1891), inmueble modernista c/Cánovas del Castillo, rotonda Pasaje Gutiérrez(1886), Teatro Carrión (1940-46).

Casa Mantilla (1891), inmueble modernista c/Cánovas del Castillo, rotonda Pasaje Gutiérrez (1886), y Teatro Carrión (1940-46).

Las curvas más “redondas” se las debemos al arquitecto Joaquín Muro, autor de algunos de las escuelas más modernas y valiosas de nuestra ciudad: como un cilindro de ladrillo que sirvió para alojar la piscina del grupo escolar Isabel la Católica (1932-34/43); y como rotonda en esquina en el magnífico Colegio de San Fernando (1932-39/50), para uso inicialmente previsto como museo del propio colegio. Son éstas ya curvas ciertamente expresivas, tersa piel juvenil que da continuidad a las fachadas convergentes hacia la esquina de la manera más elegante y dinámica posible: ventanas horizontales, llagueado rehundido del ladrillo, voladizos de cornisa, antepechos enfoscados… No son en modo alguno expresionistas, pues en Valladolid (y casi diríamos en España) esa corriente no llegó a instalarse nunca, pero sí sus contemporáneas racionalistas, que a mediados de la década de los años 30 empiezan a constituir el lenguaje moderno que se adopta tanto en los edificios públicos como en los inmuebles de viviendas. Desde el conjunto de edificios del Matadero Municipal o la Casa del Barco, hasta los edificios de vivienda colectiva de brillantes arquitectos como Jacobo Romero (c/ Santiago nº6, Paseo Zorrilla nº 72, Perú nº2) o de Ramón Pérez Lozana (c/María Molina nº 22, c/Santiago nº26, Cine Roxy o Teatro Carrión). Como colofón a esta época dorada de las curvas vallisoletana, citaré las más aerodinámicas de todas: las que rematan los extremos de los bloques inspiradas en los Hof vieneses del grupo residencial para la Obra del Hogar Nacional Sindicalista del barrio de Las Delicias (c/Málaga c/v San Isidro), también de esa misma época aunque muy mitigada por el cambio de régimen que afectó seriamente al brillante proyecto inicial de 1937.

Viviendas en Paseo Zorrilla nº72 (1935-37), inmueble en c/Montero Calvo (s/d), viviendas en c/Santiago c/v Doctrinos (1935-36), y grupo residencial para la Obra del Hogar Nacional Sindicalista (1937).

Viviendas en Paseo Zorrilla nº72 (1935-37), inmueble en c/Montero Calvo (s/d), viviendas en c/Santiago c/v Doctrinos (1935-36), y grupo residencial para la Obra del Hogar Nacional Sindicalista (1937).

Valladolid siguió escondiendo sus curvas tras la Guerra Civil. Quizá la censura del régimen franquista no autorizase enseñarlas… (es broma). Los escasos intentos fueron sutiles, como los delicados pórticos de Fisac en el colegio apostólico de los Dominicos,  cuya capilla también juega con la concavidad y la convexidad de las curvas, aunque sometidas a la tiranía de la simetría. Pero incluso al propio Fisac se le endurecieron las formas al construir el Instituto del Núñez de Arce pocos años después: allí las únicas curvas que verás son las de los prefabricados en vigas (hoy lamentablemente tapadas) y las de las ventanas de pasillos de aulas, concebidas con la forma algo redondeada salida de las de un Citroen “dos caballos”. Otras, muy visibles en la iglesia de Ntra. Sra. de la Paz en la Plaza de España, mejor las olvidamos por ser curvas que no embelesan ni al más necesitado de la carne…

Y así, querido lector, nos plantamos en la arquitectura contemporánea, donde ni siquiera los excesivos años ochenta dejaron curvas memorables; como mucho tecnológicas, como en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial. De los noventa, solo rescato la pudorosa elegancia de la tenue concavidad con que el edificio de los Juzgados de la calle Angustias resolvió un problema de alineación urbana, devolviéndonos de nuevo al frío invierno casi suizo de las curvas congeladas. Y en el nuevo siglo, la inmigrante “Cúpula del Milenio”, es toda una oda las curvas (más bien a los círculos), pero que nada tienen que ver con una ciudad al ser “de importación” (vino trasladada de la Expo del Agua de Zaragoza), convirtiéndose en tiempo récord en objeto de todo tipo de críticas y chanzas por sus incomodidades térmicas y su elevado coste de mantenimiento. Toda una metáfora del tiempo de la “burbuja inmobiliaria”, que desgraciadamente ha acabado explotando en nuestras narices y ahora nos toca convivir con ella.

Grupo escolar Isabel la Católica (1932), colegio San Fernando (1932-50), local comercial c/Regalado c/v Teresa Gil (s/d), y "Cúpula del Milenio" (2009).

Grupo escolar Isabel la Católica (1932), colegio San Fernando (1932-50), local comercial c/Regalado c/v Teresa Gil (s/d), y “Cúpula del Milenio” (2009).

No, yo tampoco he cultivado mucho las curvas en mis proyectos, lo confieso. No he tenido grandes ocasiones, pero prometo que, cuando sea mayor, seré más generoso con la vista cansada, como Borromini en San Carlino. Pero ya sabemos cómo murió el arquitecto italiano… así que, sinceramente, me lo voy a pensar un tiempo, no sea que las curvas tengan que ver con su fatal destino. Hasta entonces, querido lector, disfruta con algunas de las imágenes que he seleccionado para ilustrar este post, que he hecho yo mismo en un paseíto corto por el centro, sin mayores pretensiones fotográficas. Se admiten contribuciones si dispones de otras mejores…

Valladolid :  las curvas han muerto… ¡¡¡vivan las curvas!!!

 

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2 comentarios
  1. Siempre es interesante la visión ilustrativa que nos das de la ciudad en la que hemos pasado tanto tiempo. Muchas veces no nos damos cuenta de la arquitectura que nos rodea, llegando incluso a parecer que las fotografías son de ciudades más lejanas a nosotros. Sigamos aprendiendo arquitectura y sigamos aprendiendo como ver la arquitectura.
    Quiero dejarte también el prometido enlace a mi blog que siempre he tenido pendiente.
    Arquitecturas olvidadas http://wp.me/p4YE7i-O

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  1. Valladolid: ¡¡¡ vivan las curvas !!!, Rodrigo Almonacid | ArquitecturaVA

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