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Mercado del Val… ¿susto o muerte?

18.11.2014
Mercado del Val (Valladolid)

Mercado del Val (Valladolid): fotografía coloreada del edificio original terminado en 1882, antes de que se desmontara su cúpula central en 1900-1902.

El pasado viernes 14 de noviembre, dentro de la Bienal de Restauración y Gestión del Patrimonio (AR&PA 2014), se celebró una jornada para tratar del futuro del vallisoletano Mercado del Val. La sesión trataba de servir de acto de presentación “en sociedad” del proyecto definitivo con el que se van a acometer próximamente las obras de rehabilitación del último de los mercados de abastos que aún permanecen en pie en Valladolid. Pero lo que debía ser una tarde de emotiva alegría (por ser la ocasión de recuperar esta pieza del Patrimonio cultural, arquitectónico y social de los pucelanos) se convirtió en triste drama según se iba desvelando el porvenir del edificio histórico.

Como asistente al acto, me limitaré a argumentar las razones por las que, a mi juicio y tras escuchar a uno de los dos arquitectos autores del proyecto, considero que esta nueva intervención al “paciente” no está a la altura ni del edificio ni de la sociedad a la que se debe. Queridos lectores: pasen y lean …

Uno, cuando asiste a conferencias de esta índole (allí nos reunimos numerosos colegas arquitectos y una multitud de estudiantes de la ETSA.Valladolid), espera escuchar un discurso armado desde una sólida posición intelectual del interlocutor-arquitecto, con el fin de dar a conocer los argumentos éticos y estéticos de su proyecto arquitectónico. Pero empezamos mal, desde el minuto uno, al leer un título tan largo como anodino:

“LA REHABILITACIÓN DEL MERCADO DEL VAL COMO EJEMPLO DE COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA PARA LA OBTENCIÓN DE UNA RENTABILIDAD SOCIAL, ECONÓMICA Y AMBIENTAL BASADA EN CRITERIOS DE SOSTENIBILIDAD”

(todo así, en mayúsculas, con las negritas y subrayados tal cual…).

Sí, querido lector, seguramente te estarás preguntando lo mismo que yo: ¿Y dónde quedó la Arquitectura? Sí, como ves, ni la palabra “Proyecto” ni “Arquitectura” se citan en el interminable título. Mi teoría es la siguiente: el título no pudo ser redactado por el arquitecto (prefiero pensarlo así), sino por quienes querían vender su producto ese día, es decir, el Ayuntamiento de Valladolid. Los gabinetes de prensa saben cómo hacer llegar la información a sus destinatarios, y saben bien que las claves del mensaje a lanzar debe estar incluido en el titular de la nota informativa. Y, querido lector, ya tenemos los comicios municipales a la vuelta del invierno como quien dice… a mí, no me hubiera parecido tan mal un título así en otro contexto, quizá más socio-económico, pero no allí entre el gremio de los arquitectos y tras unas conferencias magistrales sobre la cuestión de la renovación de los mercados de abastos a cargo de los catedráticos Eduardo González Fraile (ETSA.Valladolid) e Ignacio Paricio (ETSA.Barcelona, socio de Clotet&Paricio) y del profesor José González Gallegos (ETSA.Madrid, socio de Aranguren&Gallegos).

No discutiré los términos o propósitos del “titular” (que no “título”) de la charla, pues cae en lo periodístico, pero sí en lo que atañe a lo arquitectónico: el concepto de “rehabilitación”. Si por rehabilitar se entiende “Habilitar de nuevo o restituir a alguien o algo a su antiguo estado” (DRAE), pues va a ser que no. No se nos mostró una propuesta que tuviese por objetivo ese fin; si acaso se podría aceptar la acepción de REHABILITACIÓN tomando la acepción en Medicina que la define como “conjunto de métodos que tiene por finalidad la recuperación de una actividad o función perdida o disminuida por traumatismo o enfermedad”. Entendiendo que el edificio tiene sus dolencias —que las tiene indiscutiblemente—, podríamos entender el uso de ese concepto. Pero, al término de las explicaciones, lo que quedó claro es que se trataba de unas obras de REMODELACIÓN (o sea, el acto de “remodelar”, es decir, de “reformar algo, modificando alguno de sus elementos, o variando su estructura”, según el DRAE 23ª edición de 2014).

Si nos referimos al campo estrictamente arquitectónico, lo que importa no es tanto la terminología —aunque nunca esté de más la precisión lingüística— como las decisiones adoptadas en proyecto. Y esas sí, querido lector, rompen con esa línea que ya Aldo Rossi dejó bien marcadas en su libro La Arquitectura de la Ciudad (1966), donde exponía su teoría acerca de que el interés por conservar los edificios más allá de su aspecto epidérmico, insistiendo en la cuestión de lo tipológico como la configuración esencial a preservar, independientemente del uso futuro que le seaasignado. No se trata solo de identificar lo prístino y original del mercado original de finales del siglo XIX (para ello con consultar los textos de las profesoras de la Universidad de Valladolid María Antonia Virgili Blanquet y Marisol Camino Olea hubiera casi bastado), sino de saber qué proponer para su vida en el siglo XXI. El proyecto fue presentado en muchos momentos como el fruto del consenso de los diversos integrantes del consorcio público-privado constituido al efecto para esta obra (donde evidentemente no cabía la opinión pública de la ciudadanía para no estropear la operación), pero nunca como una idea arquitectónica que gobernase la futura intervención. Así se entienden los numerosos dislates y contradicciones presentes en el proyecto — y evidenciados en la exposición pública— , desde la visión del espacio o los criterios de (re)composición, pasando por lo constructivo-sostenible, y hasta lo presupuestario. Repasemos cada uno pues…

ESPACIO Y COMPOSICIÓN

El espacio único y diáfano de gran amplitud va a ser, sencillamente, aniquilado. Al decidir crear 3 niveles donde solo existió uno, el del nivel de calle, se altera tan notablemente la naturaleza del espacio, que el esfuerzo por poner en valor las cerchas metálicas tipo Polonceau se pierde completamente, al no tener la visión correcta para poder contemplarlas.

Mercado del Campillo-interior _ fotografía de época ByN (FB _ arquitecturaVA)

Vista interior del espacio diáfano del Mercado del Val de Valladolid, una vez desmontada la cúpula central.

Se argumentó como de escasa relevancia el hecho que el pasillo vertebral del mercado fuera desplazado de su eje central, pues a cambio se podrían ofrecer visuales sesgadas de la estructura del techo, e incluso inéditas al estar situado con los pies a más de 3 metros del suelo, desde donde se van a poder ver con más detalle… En mi opinión, esos dos desplazamientos, el horizontal (del eje compositivo, visual y de recorrido) y el vertical (por elevación de la línea de horizonte del espectador) son parte intrínseca del tipo arquitectónico, de la misma forma que lo es encontrarse el ábside principal de una iglesia medieval en el extremo de la nave mayor o es visible la escalera a través del patio desde el zaguán en un palacio renacentista. Y siendo grave la cosa, lo peor es que la única razón de hacerlo es la distribución de los nuevos puestos, que deben ser de 2 tamaños distintos en la planta de calle, como si no hubiera más maneras de resolverlo… No, sí que las hay, pero quizá no consigan tan efectivamente crear ese nuevo foco de actividad que ocupará la zona central del edificio donde se ubicarán los nuevos huéspedes: los espacios gourmet, la cafetería y las escaleras mecánicas de bajada al nuevo inquilino (el supermercado convertido en promotor) que ocupará buena parte del sótano excavado bajo el edificio existente. Nada más y nada menos.

A esta alteración espacial de la tipología industrial del mercado se le suma la controvertida alteración estética de su basamento. Desde su concepción, como todos los mercados decimonónicos, el edificio contó con un cuerpo inferior ciego construido en fábrica de ladrillo visto. Pero ahora se va a eliminar casi en su totalidad, aduciendo la necesidad de aumentar la transparencia y luminosidad al interior del espacio, y justificando que los ladrillos del zócalo actual no son los originales, pues fueron reemplazados en la nefasta reforma que se hizo en 1981-82. Para no desvirtuar la imagen exterior, se ha transigido con la conservación del dibujo de rombos del basamento actual, también por motivos de dar continuidad (supuestamente) a las fachadas acristaladas (meridional y septentrional) con las que permanecerá (torpemente) ciegas en los extremos del mercado, como si un alzado fuera un simple levantamiento arquitectónico carente de su componente material. Pretender que se lea en continuidad una franja de vidrio con una de ladrillo porque tengan el mismo adorno romboidal roza lo grotesco, y más cuando ni siquiera ese dibujo responde a un elemento original del edificio que merezca, por tanto, ser conservado como “seña de identidad”.

Mercado del Val: infografía del proyecto de rehabilitación

Mercado del Val: infografía del proyecto de rehabilitación (vista desde la calle de San Benito con la entrada oeste de ladrillo y la acristalada al sur).

Infografía del proyecto (2014).

Infografía del proyecto de remodelación del Mercado del Val presentado públicamente por el estudio de arquitectura Llanos-Urdiain arquitectos (2014).

Así que, como decía el otro, “ni chicha ni limoná”: ni se atreven a apostar por una piel única de vidrio en todo el perímetro (como han hecho en el Mercado de San Miguel de Madrid, “oscuro objeto de deseo” y referente último para el Ayuntamiento, al que finalmente han tenido que renunciar como aspiración), ni mantienen la idea original de basamento. Los buenos proyectos asumen ciertos riesgos, pero aquí todo parecen decisiones tomadas por otros o desde otros intereses, cuyo resultado se acerca más al pastiche que a una suculenta tarta. Y así pasa, que nos van a dejar 4 enormes “granos” residuales flanqueando las entradas a este y oeste, donde se pretenden ocultar los aseos y los cuartos de instalaciones: buenos recibidores los de esta casa remodelada, que nos recibe con “lo mejorcito” a la puerta. Menos mal que en el sótano habían resuelto las instalaciones, que si no… Podrían quizá haberse camuflado como una o dos islas entre los puestos del mercado o haberse ubicado en el sótano, pero no, es mejor seguir macizando el espacio para que no se desaproveche nada de sitio, total…

En términos de la composición volumétrica no se plantean alteraciones “visibles” para no levantar sospechas. Algunos de los conferenciantes apelaron a la posibilidad de recuperar la volumetría original con cúpula central, que cobraba (y cobra) todo su sentido en el contexto urbano señalando la puerta principal del lado sur que se enfrenta a la calle que enlaza con la parte posterior del Ayuntamiento. El autor del proyecto no solo negó su interés por la cuestión, sino que llegó a cuestionar si acaso era la cúpula una “leyenda urbana”, pues ni siquiera había fotos de entonces, como queriendo restar importancia. Una de dos: o no han realizado un estudio histórico del edificio y su entorno suficientemente completo  —algo casi inexcusable ante cualquier Comisión de Patrimonio, como todos sabemos—; o lo que es peor, esa labor de investigación no ha servido de marco de reflexión para actuar en el edificio, es decir, es solo otro papel (mojado) más para cumplir los siempre farragosos trámites administrativos. Eso indicaría una actitud de desprecio hacia el paciente por el que simplemente quedaría el médico desautorizado a la operación ipso facto. Por reavivar la memoria, y solo dedicando unos minutillos al tema por mi parte (y con la ayuda inestimable de algunos compañeros activos en las redes sociales como @JuanRepresaArq, @kikeconkdekilo, @jst_arq, @Rbn_HC, entre otros…), se pueden encontrar varias fotos del edificio en su estado original. Y en el citado artículo de Marisol Camino, hasta se aportan planos de alzado de la cúpula y del andamiaje que sirvió para desmontarla, como os muestro a continuación.

Cúpula Mercado del Val_ alzado cúpula 1882+andamiaje 1900 (artículo Marisol Camino)

Cúpula central del Mercado del Val: alzado del proyecto original (1880) y andamiaje del proyecto de desmontaje de la misma de 1900 (Archivo Municipal del Ayuntamiento de Valladolid)

Mercado del Val con cúpula decimonónica original.

Fotografías de época del Mercado del Val con cúpula decimonónica original.

Finalmente, al ser preguntado el arquitecto acerca del tema, respondió saliéndose por peteneras, al decir que una obra así “encarecería mucho la futura obra”. Se ve que hacer un sótano entero bajo el edificio con geotermia debe salir a precio de saldo… Se puede discutir sobre su pertinencia o no, pero argumentos tan incoherentes sonaron casi irrespetuosos con el público allí presente, la verdad.

CONSTRUCCIÓN Y SOSTENIBILIDAD

Este galimatías no solo afecta a la distribución señalada, sino que alcanza a lo tecnológico. Las explicaciones aportadas se quedaron escasas para poder entender bien la propuesta bioclimática que gobernará cual edificio inteligente. Apresuradamente se mencionaron las medidas principales para alcanzar el nivel de “ejemplar” en lo referente a la sostenibilidad, tal y como se anunciaba con orgullo en el titular de la charla; repasemos: el control de la radiación solar directa (mediante un sistema de lamas móvil en la fachada sur), la regulación de intensidad luminosa variable de las nuevas luminarias LED, y el control de temperatura del acondicionamiento térmico interior (generado a partir de energía geotérmica) tanto en generación de frío como de calor. Los sofisticados dispositivos de control y regulación parecen interesantes, y la geotermia desde luego que es siempre bienvenida (pese a su elevado coste, es sumamente eficiente y reduce las emisiones de CO2 al mínimo).

En todo caso, lo peor era advertir que el arquitecto-orador no parecía tener muy claro el planteamiento, escudándose en la complejidad del tema y en la atribución de los méritos (o deméritos, ya lo veremos, según pinte la cosa cuando entre en servicio el nuevo edificio) a los ingenieros industriales que lo han desarrollado. Ya sabes, querido lector, que si quieres aparecer como defensor del “verdismo” en arquitectura debes construir acompañado de un programa de financiación europeo y con una auditora energética que te proporcione la correspondiente medalla “hiper-mega green”, con la que la foto del acto de recepción llenará las portadas de los periódicos, cuestiones de “moral-ina” sobre los que recientemente escribía Jose M. Echarte en el blog de ASA . Llámame incrédulo, pero si ahora se va a duplicar el volumen a climatizar y se amplía la superficie acristalada (o sea, se aumentan las pérdidas de calor), no veo cómo se puede afirmar que el edificio será más sostenible que el existente… Vaya, que no lo pillo. De todos modos, no pareció ser lo peor del proyecto, por lo poco que se pudo ver. Otra cosa será cómo se integren esots dispositivos con el diseño arquitectónico y los elementos más “sensibles” del edificio histórico.

Además de todo lo anterior, querido lector, se hicieron comentarios acerca del “problemón” de diseño de las bajantes (al que se le dedicaron las más extensas explicaciones en la charla, paradójicamente, sin que se acabase conociendo la solución de encuentro entre el canalón, la bajante sobre la columna y la bajante “desviada” hacia el muro cortina, punto sin duda delicado pero de menor importancia en comparación con las otras “cirujías mayores” anunciadas), de la dudosa solución de acceso de mercancías al nivel sótano (por una rampa con radio de giro endiablado, salvando el colector municipal y los previsibles restos arqueológicos de la desaparecida iglesia del Val, muy por los pelos) y del “despreciable” problema acústico (“el bullicio se agradece al entrar en un sitio de éstos”, fue la respuesta dada a una cuestión nada irrelevante para lograr un nivel adecuado de confort acústico para un espacio de estas características, y más si se llena de superficies reflectantes de vidrio en puestos y fachadas). No me quería olvidar de la gran (¿?) apuesta estética, verdadera guinda del pastel: la recreación multicolor de la huella de uno de los ramales del río Esgueva que, a modo de alfombra pixelizada sobre el techo de las “islas”comerciales, alegrará la vista de los comensales del restaurante de la planta alta. A la falta de imaginación (comparar el diseño mostrado con el atractivo de las cubiertas cerámicas del Mercat de Santa Caterina de EMBT en Barcelona es muy odioso) se suma la falta de rigor, pues el cauce como tal no atravesó nunca el solar del Mercado del Val, como bien podemos apreciar en la huella de pavimento rugoso que como testimonio se dejó en la calle peatonal que transcurre por su lado sur.

CONCLUSIÓN “INCONCLUSA”:

LA OPERACIÓN COMO ESTRATEGIA COMERCIAL DE GENTRIFICACIÓN.

Me voy a remitir aquí a un texto que es fundamental para cualquier obra de este tipo. Me refiero a uno del arquitecto Antón Capitel (antiguo profesor de la ETS.Arquitectura de Valladolid, catedrático en la ETSA de Madrid), que escribió un artículo para la revista ARQUITECTURA del COAM (nº 244, de 1983) con el título: “El tapiz de Penélope. Apuntes sobre las ideas de restauración e intervención arquitectónica”. Desde las tesis aportadas en este ensayo se puede uno armar con suficiente valentía para tomar partido por una línea de trabajo a la hora de intervenir en un edificio histórico. Yo me quedo con la segunda de las conclusiones del texto, que transcribo literalmente a continuación:

“La segunda [base] es la de que nuestra intervención no es única y, en consecuencia, no puede entenderse como algo aislado en un momento culminante de la historia del monumento, sino como un eslabón más de la larga cadena de intervenciones, muchas veces con un incierto principio y siempre con un final desconocido. Pues la mayoría de las obras de arquitectura que perviven y en las que interviene el restaurador son producto de sucesivas acciones, exigiendo, además, la propia vitalidad del monumento que la acción continúe, bien sea, por fortuna, sólo de conservación, o bien sean mayores, por abandono o necesidad de cambio. Al acometer estas últimas será necesario enfrentar y situar en sus justos términos las morbosas palabras de Ruskin: ‘Lo que constituye la vida del conjunto, el alma que sólo pueden dar los brazos y los ojos del artífice, no se puede restituir jamás. Otra época podría darle otro alma, pero ése sería ya un nuevo edificio. No se podrá evocar el espíritu del artista muerto, no se podrá lograr que dirija otras manos y otras mentes’. Hoy sabemos, sin embargo, que la gloria de muchos monumentos está en esas mano sobre mano de diferentes artistas, sin las que no tendríamos ahora la Giralda, el Obradoiro ni Roma misma, pero sin las que tampoco otros edificios más coherentes hubieran llegado hasta nosotros” (A.Capitel, 1983).

He omitido la primera de las “bases principales” que cita Capitel, pues no creo que debamos confiar en esa “artística providencia” que menciona para el autor del proyecto en cuestión. Y, vaya, que la cosa es inminente, pues la concejala ya anunció el fin de las obras para “podernos comer el turrón  el año que viene en el nuevo edificio” [sic]. Y parece ser que las obras comenzarán en las próximas semanas.

Permíteme, querido lector, que yo mantenga mi escepticismo sobre la intervención también en lo social, vinculado a las decisiones urbanísticas que han motivado la razón última de esta remodelación. Tras esta operación de cosmética traslucen problemas más serios que los estrictamente arquitectónicos. Dudo yo que se hayan hecho los esfuerzos debidos para lograr mantener el espíritu de lo que todos sabemos supone un “mercado de abastos”, con el comercio de proximidad como modelo frente a grandes multinacionales. Como se dijo en la charla, no se trata de competir con Rio Shopping, pero desde luego que resulta muy cuestionable basar esta transformación del Patrimonio comercial del casco histórico en una empresa multinacional, por la única razón de que es la que financia buena parte de las obras (inicialmente la cadena de supermercados “EL ARBOL”, ahora “DIA” tras comprar la compañía a los anteriores). Deberíamos mirar más lejos, más allá de lo inmediato para tomar decisiones tan serias como ésta sin equivocarnos, actuando con pies de plomo y no de barro. Personalmente creo que esta operación puede acentuar la GENTRIFICACIÓN de esa zona céntrica de la ciudad, cada vez más abandonada por las clases medias-bajas al ser expulsadas por los continuos movimientos especulativos que presionan las zonas más atractivas de las ciudades. Recientemente, la doctora Sara González, profesora-investigadora en la Universidad de Leeds, exponía claras evidencias de cómo este tipo de operaciones de “revitalización” de los mercados de abastos son evidentes estrategias comerciales de gentrificación, ejemplo de cómo se está comerciando con la ciudad por intereses particulares no revelados (dark, muy dark) por encima de los intereses colectivos de sus ciudadanos. Por si os interesa, os dejo un artículo (gracias por el texto, @rqlmartinez) y la vídeo-conferencia de su argumentación, sumamente interesante (es breve).

Solo espero que, tras la inminente remodelación, no nos arrepintamos de sus consecuencias, no sea que tengamos que responder a la pregunta contenida en el título del post (“¿Susto o muerte?”) aquello de “haber elegido muerte…”. No solo me refiero a las consecuencias de índole arquitectónica, sino a las sociales. Las primeras, si están bien hechas, deberían ser prácticamente reversibles (como el tapiz de Penélope); las segundas, me temo, no disfrutan de esa cualidad. Solo nos queda ahora el consuelo de debatir, de confrontar ideas, a menudo muy contradictorias en estos casos. No importa que sea tarde (tampoco nos han querido enseñar el proyecto antes a los ciudadanos): las ideas y propuestas siempre permanecerán en la memoria colectiva, si las sabemos exponer y compartir adecuadamente. Lástima que no se haya creado un foro abierto, previo al proyecto, para abordar con calma la delicada cuestión —coincido con Santiago de Molina al ver en este tipo de defensa del patrimonio colectivo uno de los motivos de supervivencia de los Colegios Oficiales de Arquitectos, pero tampoco en esta ocasión se ha pronunciado el COAVa ni el COACyLE—. A estas alturas de la crisis deberíamos habernos percatado ya de que no estamos en tiempos de dar buenas y rápidas respuestas, sino de saber formular las preguntas adecuadas.

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12 comentarios
  1. Joaquín permalink

    En primer lugar quería agradecerle su esfuerzo por redactar estas lineas, escritas con gran rigor y seriedad. La divulgación de la arquitectura es sin duda una tarea muy importante y sin duda la realiza con dedicación. Sin embargo me quedo con la sensación de que la arquitectura no ha de ser contada de este modo, la escasez de imágenes (la única editada se emplea como mero atractor para el artículo) y la ausencia de esquemas y dibujos que ilustren aquello que se está tratando de explicar hacen difícil seguir el texto con facilidad. En mi opinión contar con palabras la arquitectura es algo parecido a la pintura para ciegos, interesante, pero antinatural.

    Dicho esto, en lo referente al propio mercado, me han parecido interesantes algunas de las reflexiones que plantea, pero quedan quizás algo eclipsadas por un tono excesivamente crítico que se empeña en “no dejar títere con cabeza”.

    En defensa del proyecto que se va a realizar he de decir que al menos me consuela que no haya caído en manos de un arquitecto que quisiese recuperar la ya famosa cúpula central. Los edificios son el resultado de un proceso y en ese proceso también se pierden cosas, es algo que debemos aceptar. Pretender reconstruir un elemento como este sería como terminar la Catedral de Valladolid o reconstruir el Coliseo Romano. Por ello considero que la estructura sí va a ser tratada con el respeto que merece.

    Considero, como usted, que el proyecto es en parte el resultado de poderosas fuerzas económicas, pero no solo esto, también es el resultado del pasado. El mercado es un conglomerado de fuerzas económicas en sí mismo, y éstas le había llevado a convertirse en un edificio asfixiado y asfixiante. Por tanto no considero vital defender una composición por no perder una visión central de la estructura que ya se había perdido (era prácticamente imposible vislumbrar la estructura tras unos puestos que literalmente se te echaban encima)

    Para terminar quiero recordar respecto a la tan temida gentrificación que es un proyecto que parte de los propios comerciantes que estaban viendo como sus ventas mermaban año tras año hundidos dentro de este agujero en el que se había convertido el edificio que ellos habitan. Buscan un uso mixto entre grandes superficies, pequeños comerciantes, cafeterías y restaurantes que, nos guste o no, es lo que demanda el consumidor. Este tipo de proyectos evita que estos mercados terminen cerrándose y convirtiéndose en, por ejemplo, una discoteca.

    Quiero pensar que quizás gracias a este proyecto dentro de otros 30 años un arquitecto fantástico tendrá la oportunidad de proyectar en un mercado cuyas necesidades hayan cambiado de nuevo y pueda realizar en él su obra maestra.

    Muchas gracias por su atención. Siento haberme explayado y le deseo un gran éxito en sus artículos. Un cordial saludo.

    • Muchísimas gracias por tu aportación al debate, Joaquín. Prefiero opiniones disidentes qeu complacientes, pues a todos nos obliga a pensar y a seguir buscando la mejor solución a los problemas; sin antítesis no hay posible síntesis.

      Te respondo intentando seguir el orden de tu comentario:

      1.) Tienes toda la razón en que al post le falta información gráfica. Llevo días intentando buscar algún plano sobre el proyecto de ejecución definitivo (los hay por ahí, pero son versiones ya antiguas), y no he dado con ninguno de cierta calidad que nos permita verlo como se debe. Ese es uno más de los síntomas de falta de publicidad del proyecto hasta el pasado viernes, como puedes comprobar…

      2.) En cuanto al tono, pues siento si no le parece bien, pero no tengo otro. Es mi personalidad como escritor de blogs, mundo en el que llevo colaborando con asiduidad en estos últimos tiempos.

      3.) No creo que el arquitecto sea más o menos respetuoso con el edificio por dejarlo como está, sin pretender recuperar parte de su pasado. Si asistió a la jornada en AR&PA, D.Eduardo González Fraile, experto en la materia, explicó como en Francia, por ejemplo, es una cosa más habitual… Si conoce a Violet-le Duc sabrá a qué me refiero. Personalmente yo no tengo tampoco muy claro cuál es la mejor solución sobre el tema de la cúpula, por eso lo pongo sobre la mesa, para debatirlo y evaluar cuáles son los pros y contras (lo suyo hubiera sido debatirlo antes de comenzar el proyecto, pero vaya…). En todo caso, optar por una opción siempre supone renunciar a otras, inevitablemente. Lo importante es hacerlo con una IDEA que sea coherente en todos los niveles de la intervención, no tener unos criterios de conservación extrema en unos casos (p.ej. los rombos del basamento) y de acoso y derribo en otros (zócalo de ladrillo).
      Solo como apunte le diré al respecto de “RECONSTRUCCIONES” que, para bien o para mal, están ahí: a veces de parte de un edificio, como ocurre en la iglesia románica de San Martín de Frómista en Palencia (muy reconstruida a principios del siglo XX; puede verlo en este enlace: http://www.lafronteradelduero.com/Paginas/maa_fromista_san_martin.html); o incluso de edificios enteros que fueron demolidos pero que, por su extraordinario interés, han querido ser construidos de nuevo para poder admirarlos, como es el caso del Pabellón de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 (véase: http://blogtenderenda.blogspot.com.es/2010/12/las-vidas-del-pabellon-de-barcelona.html), obra maestra del Movimiento Moderno proyectada por L.Mies van der Rohe).

      4.) En relación a la visión central del espacio: efectivamente estaba totalmente perdida en la actualidad, sobre todo tras la lamentable rehabilitación de principios de los años 80. Si Ud. conoce el proyecto original, éste era muy coherente en todos sus planteamientos y escalas, cosa que se ha ido perdiendo. Y, sin embargo, no costaría mucho recuperar la esencia de la TIPOLOGÍA original (por seguir con las tesis del maestro italiano Aldo Rossi), compatibilizándolo con la nueva distribución y tamaño de los puestos de venta al público. Pero entre ese tipo de comercio de pequeño tamaño se quieren intercalar piezas mayores o de otro orden/uso para dar cabida a otros inquilinos (que son “los que pagan”), ahí el problema nos lo encontramos ahora, no viene de lejos. Intentar meter (donde no procede ni cabe) un gran vacío en el suelo de la planta de calle para alojar las grandes escaleras mecánicas de baja al supermercado del sótano, es una gran distorsión. Si a eso además añadimos escaleras y ascensores que han de subir a la planta primera (nivel que nunca tuvo este edificio) para satisfacer las demandas de un nuevo uso, el del restaurante, pues seguimos empeorando la cosa; y ya no digo nada de los núcleos de aseos e instalaciones, realmente mal ubicados en la planta de calle y de forma incoherente con el resto de la propuesta, al quedar adheridos a la fachada en lugar de quedar separados como el resto de nuevas piezas que se han previsto. Luego eso se acusa en la fachada , claro, y así se ve, puro pastiche a mi entender…

      5.) Argüir que el único salvamento al declive del mercado (que nadie cuestiona, está claro) es dar satisfacción al usuario en la forma que se ha diseñado es, sencillamente, falso. Lo que ha pasado es que se ha dejado morir el edificio, y con ello ha caído también el interés por ir a comprar allí. Las instalaciones han quedado completamente obsoletas, sin ninguna duda. No conozco ningún “supermercado que en 33 años (ese es el tiempo que ha transcurrido desde la última reforma del edificio) no se haya renovado, y no solo una sino varias veces. Y eso no ha ocurrido en el Mercado del Val… Estoy seguro de que revitalizar la actividad del mercado se podría hacer con una intervención mucho menos agresiva y severa, sin necesidad de excavar un sótano ni ampliarlo en planta primera. Con diseñar unos nuevos puestos de venta, actualizar sus instalaciones técnicas (térmicas, lumínicas, acústicas…) y renovar el nefasto cerramiento de vidrio y lamas para captar la luz natural a raudales, no es tan complicado y es más acorde con los tiempos de austeridad y responsabilidad en los que nos hallamos. La realidad es que si cambiamos el tipo de comercio de proximidad por otro diferente, ¿dónde queda esa idea de mercado de abastos que todos conocemos y apreciamos? Desde un punto de vista de MARKETING se podría decir que se va a perder la identidad del establecimiento, su branding, algo que no solo por razones históricas merece ser conservado. La GENTRIFICACIÓN es la consecuencia, nada más, pues la gente del barrio ya no irá allí a comprar el producto de la tierra, porque apenas tendrá dónde encontrarlo, y se acabará yendo a una tienda del barrio o al súper.
      Decir que es mejor lo que se propone ahora que una posible conversión en una discoteca no me consuela. Como ciudadano aspiro a algo más que dar las gracias por haberme salvado: yo mismo, y muchos conciudadanos, queremos ser partícipes del salvamento, si nos lo permiten. Aunque de eso ya se han ocupado bien para que NO ocurra, ya lo sabemos…

      Como decía al principio del comentario y del artículo, en todo caso esta es solo una opinión, mía, particular. Lo bueno es disentir y confrontar ideas para rescatar las mejores que puedan salvar al edificio y a sus comerciantes del estado en el que se encuentra. Si con mi reflexión he contribuido a abrir la discusión, misión cumplida.

      • Cada día, en mis matutinas caminatas hacia la Escuela de Arquitectura, paso por delante del Mercado del Val. La verdad es que siempre me lo miraba con curiosidad por ver el resultado final de la rehabilitación. Ahora, tras leer el artículo (que me ha parecido realmente interesante) más o menos me he hecho a la idea de qué va a ser lo que me encuentre en un futuro al pasar a pie por delante. Cabe la posibilidad de cambiar de ruta: simplemente, optar por la calle de al lado, con las excelentes vistas del Nuñez de Arce, que me encanta. La otra opción es seguir la ruta original y alimentar mi sentimiento de pena y aumentar mi sentimiento de crítica.

        No tengo mucha idea en estos temas, pero no me parece correcto afrontar un proyecto de esta índole partiendo de que sea una excusa para convertir el espacio en una suerte de centro comercial motivado por una cadena de supermercados dispuesta a imponerse en el proyecto. Supongo que lo suyo sería tratar de conservar la esencia inicial del edificio, corregir las posibles malas intervenciones anteriores, como lo de desplazar el eje central o recuperar la antigua cúpula. Digo esto porque considero que por el hecho de que “ya se hayan perdido” no quiere decir que no sea válido recuperarlas si originalmente existían y mejoramos, además, lo que ya tenemos. Y, el caso de que sea un proyecto que parte de los propios comerciantes no va relacionado con que se de la “tan temida” gentrificación. Resulta triste venderse de ese modo como resultado del conformismo por evitar que acabe “convertido en una nueva discoteca”. Como bien dice el autor, y creo firmemente en ello, como ciudadano yo también aspiro a algo más que dar las gracias por haberme salvado.

        Un saludo.

  2. Pilar Alonso permalink

    Por qué razón, en una edificación relevante para la ciudad, la administración local encarga a “dedo” un proyecto en el que el concurso de arquitectura, con un jurado de reconocida capacidad intelectual, podría asegurar una intervención que sin duda mejoraría la del encargo “digital”.
    Todos ganaríamos!
    Es de agradecer tu crítica oportuna.

    • Hola Pilar.
      No sé si no queda suficientemente claro en el artículo, pero lo expresaré de otra manera: la gestión se ha canalizado vía consorcio público-privado; lo que significa que no tienen que convocar concursos abiertos ni públicos para la licitación de los servicios profesionales de un arquitecto y de su equipo técnico. Si hubieran hecho un concurso de méritos, se podría haber seleccionado una propuesta coherente (e igualmente viable). Pero eso no les interesaba, porque así estarían obligados a realizar las obras previstas en el proyecto ganador, y está claro que lo que necesitaban era un arquitecto que encajase bien las presiones de los principales socios del consorcio, es decir, del Ayuntamiento de Valladolid y de la empresa de los supermercados DIA (inicialmente EL ARBOL, hasta ser comprado por los otros), como si sd tratase de un encargo privado.
      Saben bien como esquivar la Ley a su antojo, igual que lo han estado haciendo todos estos años con sus infinitas Fundaciones, y así poder llevar un gobierno ejecutivo en paralelo, sin que se les pueda controlar en la práctica. NO ES ILEGAL, PERO SÍ INMORAL. Aunque lo de la ética les preocupa aún menos que la estética, que ya es decir. Y ojo, que no lo digo porque se trate de un partido en concreto, sino porque ésta ha sido una práctica bastante habitual en gobiernos locales de todo tipo de signo político, aunque ya sabemos que la mayoría estaban apoyados por el mismo partido en esta legislatura.
      Gracias por pasarte a comentar, Pilar. Bienvenida a esta casa.

  3. Un gusto leer la opinión de Joaquín, por un introducir un nuevo punto de vista en un debate que se volvía monocolor en otras redes.
    Rodrigo, desde el cariño te digo que coincido con la crítica al tono que empleas, y con eso no pretendo que debas cambiarlo, pero quizás no hayas percibido que esa redacción no invita al debate, da un poco de miedo contradecirte, sensación que no transmites en persona.

    Y sobre el tema, una pequeña reflexión tras estos días de conversación, he recordado el Mercado del Borne, en Barcelona, que visité este verano. Una rehabilitación excepcional, o eso me pareció. Para convertir un mercado en una sala de exposiciones, con lo cual en el barrio más “gentrificado” de la ciudad más “gentrificada” los vecinos también se han quedado sin mercado sin que ningún empresario privado haya hecho nada pero a costa de los impuestos de todos.

    A lo que voy, estamos sobre el alambre porque la crítica es necesaria, pero si nos “la cogemos con papel de fumar” nos encontramos tumbando cualquier iniciativa privada de rehabilitación, cada vez que un empresario propone dar otro uso a un edificio histórico arrecian las críticas y el inmueble termina por ser el Centro de Interpretación de la Nada Absoluta.

    En este caso, con lo poco que me gusta el proyecto, creo que es positivo que haya logrado salir adelante como mercado, de lo que sea que ya se verá, y no como sala de exposiciones que habría sido su destino en caso de obrar en contra de los “industriales” que han invertido aquí.

    • Agradezco tus apreciaciones, Kike.
      No coincido en el argumento de “mejor malo conocido (=privatizado) que bueno por conocer (=público)”. No significa eso que el sector privado no tenga cabida en estos temas, por supuesto, pero siempre dentro de unas directrices bien consensuadas por los intereses comunes, no solo partidistas.
      En Valladolid, por ejemplo, tenemos el caso reciente del cine ROXY (al que ya dediqué un post), pero es solo un caso de cómo p.ej. los cines han sido expulsados de la ciudad. Y en ese caso por las presiones del Casino, porque… ¿era de verdad necesario tener un casino en el casco histórico para la ciudadanía o solo lo era para los intereses privados? Ahora está amenazado de muerte el cine Mantería y ya hicieron lo propio con el de Coca aunque les estalló en las manos en plena burbuja inmobiliaria y casi nos dejan un edificio sin terminar…
      Y así podríamos señalar otra serie de intervenciones de difícil explicación (y que incluso ha contado con el apoyo del pleno municipal) como la creciente y futura GENTRIFICACIÓN debida a la erradicación de centros de trabajo públicos cono el ECyL, la ciudad de la Justicia o, recientemente, Hacienda. La ciudad se va vaciando y deja patrimonio arquitectónico como presa fácil para ser acaparado o vendido a manos privadas sin necesidad. El resultado: cines vacíos o reconvertidos, oficinas abandonadas, colegios fantasma y edificios de vivienda obsoletos ávidos de ser puestos en el mercado a un valor mucho mayor. Si esto no es gentrificación propiciada desde el municipio…
      Gracias por pasarte a comentar, Kike.

  4. José Manuel permalink

    Enhorabuena por esta entrada del blog, realmente interesante, bien documentada y con criterio. Estoy totalmente de acuerdo con tu análisis y me apena que se trate así un elemento patrimonial tan escaso y tan atractivo como es este mercado metálico del s. XIX. Espero que tus palabras sirvan para concienciar un poco a los “reformadores”, y haya tiempo de salvar algunos interesantes aspectos arquitectónicos del mismo. Un saludo desde Extremadura

    • Gracias por tus palabras José Manuel. Si hemis contribuido a concienciarnos todos del problema, ¡objetivo cumplido!
      Saludos y gracias por comentar, de verdad.

  5. Manuel permalink

    Hola,
    Soy estudiante de Historia del Arte y andaba con Les Halles de Baltard y Callet cuando en un párrafo del manual se hace mención a su influencia en otros mercados europeos y españoles:Madrid ( los desaparecidos de la Cebada, los Montenses, y Olavide construidos por Mariano Calvo y Pereira) el Mercado del Born de Barcelona y los Mercados de Palencia, Salamanca y Valladolid.
    Y he aquí…que me decido a comparar las características de Les Halles y el de Valladolid. Y no me lo creía. No puedo comprender que un arquitecto haya cometido tal barrabasada: destrucción de la sencillez funcional de la estructura, su diafanidad y espacio, los paramentos de ladrillo, el camuflaje de las columnas…No puedo creerlo. ¿Pero esto quien lo ha autorizado, promovido, costeado..?.

    Muy fuertes, cerriles, hambrientos y bárbaros deben de ser los intereses que hay detrás de este “arquitectonicidio”. Si son capaces de esto…

    Gracias por su muy bien argumentado “Ensayo”. Como estudiante dilettante de Arte me ha servido mucho. Voces como la de usted son muy necesarias en estos tiempos.

    Un saludo,
    Manuel Ocio

  6. (Viollet-le-Duc)

    Un debate muy interesante, gracias

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