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Lo que me interesó de Zaha Hadid… y lo que no.

01.04.2016
Zaha Hadid: Estación de Bomberos para VITRA

Zaha Hadid: Estación de Bomberos para VITRA (Weil am Rhein, Alemania). Fotografía de Christian Richters.

En este escondido rincón de la blogosfera arquitectónica no suelo hacerme eco de la actualidad mundial de la Arquitectura, pero la muerte de Zaha Hadid (Bagdad, 1950 – Miami, 2016) necesariamente merece romper con ese hábito. Tan inesperada como divulgada, la desgraciada noticia de ayer ha merecido numerosas muestras de condolencia y recuerdo en la red (a las que nos sumamos), aunque apenas se pueden leer reflexiones que superen el simple y cómodo “Me Gusta” de las redes sociales (excepciones las hay*, como esta reflexión de David García-Asenjo o esta otra de Bart Lootsma). Tampoco es que aquí pretenda uno hacer un juicio de valor de su obra (“no somos nadie”, nunca mejor dicho, querido lector), y sería además apresurado y equivocado hacerlo taaaaan pronto… El tiempo situará su trabajo en el contexto actual, con la debida calma y objetividad que ahora no tenemos, y ubicará su excepcional figura-personaje en la pléyade de la Arquitectura, ocupando seguramente un escalafón de notable altura en ese Star-system. Demos tiempo al tiempo pues, aunque de lo segundo no me caben dudas. De lo primero ya… tal. 😉

Lo que sí me parecía oportuno era detenerme a pensar sobre su obra en relación a nuestra manera de ver y ejercer la Arquitectura en nuestros días. Compartir acaso pensamientos fugaces surgidos de la admiración y del rechazo, pero nunca de la indiferencia, como suele ocurrir con las mentes de pensamiento divergente. Y Zaha la tenía, ¡¡vaya que si la tenía!! Así que he decidido preguntarme por qué me interesa o no su legado arquitectónico… Vayamos a ello.

Lo que me atrajo —y me atrae— de Zaha Hadid fueron sus dibujos. Son fantasías arquitectónicas, espacios y volúmenes narrados  en el tiempo, con múltiples perspectivas solapadas que rozan a menudo lo ininteligible. Son arquitectura de primerísima calidad, a mi entender. Sugieren siempre una manera de moverse por el espacio, de advertir el paso de las horas con la tremenda celeridad de nuestro tiempo: por eso aparecen deformadas las formas que, de por sí, ya son informes. Logra cautivarme con uno de sus grandes lienzos (algunos de ellos son realmente enormes) y, como si hubiera caído preso en el vórtice de un “agujero negro”, me atrapa en su “túnel del tiempo” y deforma mi percepción del espacio-tiempo como si las coordenadas móviles de la Física cuántica se hubieran hecho visibles en mi entorno inmediato. Los elementos de la Arquitectura pierden su sentido conectivo y aparecen como fragmentos dispersos, como restos de una colisión. Eso me fascinó de Zaha cuando empezaba la carrera a principios de los 90, momento en el que adquirí mi primer “Croquis”, el número 52, dedicado monográficamente a su obra entre 1983 y 1991. Hoy es una joyita de mi biblioteca, lo confieso, y fue lo primero que consulté tras conocer ayer la fatal noticia. En la entrevista que sirve de preámbulo a dicha publicación están todas las claves de su trabajo, al desnudo, contadas con la franqueza de una arquitecta que aún no sentía el calor del Olimpo arquitectónico, que apenas tenía obra construida y que sentía la necesidad de divulgar sus teorías arquitectónicas.

Zaha Hadid: proyecto para el Club de Ocio "The Peak" (Hong-Kong, 1982-83).

Zaha Hadid: proyecto para el Club de Ocio “The Peak” (Hong-Kong, 1982-83).

Lo que me seducía entonces, con esos irrepetibles dibujos de los años 80, ya nunca más lo volví a sentir. El aire constructivista de las vanguardias rusas que respiraba su proyecto de estudiante Malevich’s Tectonik (1976-77) o su brillantísimo Club de Ocio “The Peak” en Hong-Kong (1982-83) dio lugar a ser cobijada bajo el mismo paraguas del ya mítico Deconstructivismo en la célebre exposición del MoMA (Nueva York, 1988) organizada por  Philip Johnson (¡cómo no!) y Marc Wigley, donde compartía cartel con P.Eisenmann, B.Tschumi, F.Gehry, Rem Koolhaas, D.Libeskind y Coop Himmelblau. Tras ese precoz lanzamiento al estrellato, y coincidiendo con la irrupción del CAD en 3D, creo que Zaha dejó de dibujar a mano. O sea que dejó de dibujar, de soñar con libertad… Y eso que confesaba en la mencionada entrevista de 1991 su distanciamiento del dibujo por ordenador:

” – ¿Cree usted que el ordenador es una herramienta útil?

 – Nunca lo he utilizado como herramienta de diseño. Solo lo usé una vez cuando estábamos terminando The Peak y, en otra ocasión para realizar una animación de Tomigaya cuando el proyecto ya estaba terminado. No creo que sea una herramienta útil. La única utilidad que le encuentro es la de poder comprobar en tres dimensiones, y de una manera rápida, si algo funciona. Pero aún creo que la mano es mucho más ágil que el ordenador.”

Aún así a finales de los 90 hizo algunas piezas que me siguieron interesando. Piezas en las que, como tituló Mohsen Mostafavi en la entrevista concedida para el número 103 de su siguiente “Croquis” ya en 2001, “El paisaje [actúa] como planta”. Son obras que se extienden, que necesitan un territorio alrededor del “edificio” mucho mayor que éste, y lo convierten a éste en un mero fragmento de mayor porte pero subordinado a la idea general de la intervención en cada solar. Es paradójico hablar de “paisaje” y encontrar apenas elementos de Naturaleza incorporados en sus obras, y eso que en obras como el LFone/Landesgartenschau (Weil am Rhein, 1997-99) está inmersa en un paisaje ajardinado.

Zaha Hadid: pabellón LFone/Landesgartenschau (Weil am Rhein, 1997-99) y aparcamiento de la tereinal de tranvías Hoenheim-Nord (Estrasburgo, 1999-2002).

Zaha Hadid: pabellón LFone/Landesgartenschau (Weil am Rhein, 1997-99) y aparcamiento de la terminal de tranvías Hoenheim-Nord (Estrasburgo, 1999-2002).

Creo que Zaha nunca mostró especial sensibilidad por entornos muy “naturales” y quizá por eso enfocó su trabajo hacia lugares de marcado carácter urbano: por inhóspitos que estos fueran siempre se sintió más a gusto trabajando en medio de vías de tráfico y periferias desestructuradas que en ningún otro contexto. Basta ver de lo que fue capaz en el Aparcamiento y Terminal de Tranvías Hoenheim-Nord (Estrasburgo, 1999-2001), con apenas una simple pintura de señalización de tráfico y unas marquesinas de hormigón. Esos rincones del Junkspace —como diría su querido RemK— estimularon su creatividad como ningún otro lugar. Tal es así que, pese a la multitud de intentos de aquellos años, no logró construir ni un solo edificio en los cascos históricos de las viejas ciudades europeas. Nunca admitió otra Historia que no fuera la del Movimiento Moderno, pues como ella misma reconocía, le atraía de ese ideario moderno el hecho de que “cada vez que alcanzaba una determinada fase se detenía para volver a empezar”. Más claro no se puede decir.

Al recibir el Pritzker en 2004 todo eso se acabó definitivamente. Su oficina, ahora ya Zaha Hadid Architects, convertida en una auténtica multinacional (como la de muchos de sus colegas del star-system), necesitaba mucha gasolina para seguir en marcha. Como diría Oíza: “Usted bebe leche promedio de muchas vacas. Mezclan la leche de muchas vacas, y sale un producto muy uniforme” (te invito, querido lector, a leer el post completo con la conversación de Oíza). Muchos lugares distintos, por todo el orbe terráqueo, demandaron “coleccionar” una obra suya con la lógica del marketing post-capitalista de las ciudades que quieren “aparecer en el mapa”, siguiendo el “ejemplo” del Museo Guggenheim de Gehry en Bilbao. No es posible así hacer buenas obras, no lo creo. Las obras hay que pisarlas, olerlas, agotarlas… en la obra es donde se juega gran parte del mérito de un buen trabajo de Arquitectura, es como el damero para el jugador de ajedrez. Y si a esto le añadimos que sus obras no son precisamente fáciles de resolver, más echo en falta su compromiso hacia la construcción. Cuando visité su fluido-dinámico puente-túnel (bueno, lo llamaron “Pabellón-Puente“) de la Expo del Agua de Zaragoza en 2008 quedé muy desilusionado por una obra tan mal concebida, tan ajena al río Ebro, tan ensimismada en el diseño paramétrico de su epidermis y tan poco interesante en su estructura (para el caso de un puente, inexcusable), tan desproporcionadamente cara y vanidosa… Claro que luego me enteré de que nunca pasó por la obra ni a saludar (quizá sea un bulo, pero es tan creíble como desgraciadamente habitual esta praxis entre las multinacionales de la arquitectura). Lamentablemente las fotos de la obra son tan maravillosas como absurdas sus alabanzas, y creo que esto es desgraciadamente aplicable a buena parte de su producción deslocalizada más reciente: las fotos han sustituido a la experiencia real de la arquitectura y su consumo es tan rápido como su olvido.

Zaha Hadid: Pabellón-puente sobre el río Ebro para la Expo'2008 de Zaragoza.

Zaha Hadid: Pabellón-puente sobre el río Ebro para la Expo’2008 de Zaragoza.

Como suele decirse en estos casos, quedémonos con los buenos recuerdos. Esos que creo merecen mucho la pena ser revividos como parte de nuestra propia trayectoria personal. Dejemos a su escudero Patrick Schumacher aparte, olvidemos sus cínicas palabras al recoger la Medalla de Oro del RIBA de este mismo año 2016, y quedémonos con sus hallazgos: sus espacios escurridizos, su inteligencia en la manera de modelar el programa a su favor, la fugacidad de sus formas, sus paisajes en movimiento…

Uno se imagina, querido lector, que quizá recordar la visita al mítico Pabellón de Incendios de la sede de VITRA (imagen de la cabecera de este post) o, mejor aún, deslizarse cuesta abajo por su Pista de Saltos de Esquí en Bergisel  (Innsbruck, 1999-2002) sea la mejor forma de mantener vivo su legado. Bye, bye, Zaha.

 

(*) Nota aclaratoria – actualización: en el momento de la publicación de este post (viernes 1 de abril , 16h00 aprox.) no había aún podido leer ni el post que acababa de publicar Fredy Massad en el blog de Cultura de ABC, muy recomendable igualmente. También es de justicia reconocer las contribuciones posteriores al presente artículo, como la de José Ramón Hernández Correa en su blog “arquitectamos locos?” (publicado esa misma noche del viernes 1 de abril), o la de José María Echarte en su blog “N+1” escrito hoy lunes 4 de abril. La actualidad tiene estas cosas, querido lector…

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